‘Ecos do Pasado’ en ‘La Región’ de Orense

Emilia resuelve los problemas de la forma en la obra de arte, reinventando el Expresionismo de Ensor (la máscara) o Rouault (cloisionista). Plantea una renovación estética, formal y expresiva, poniendo dicha concepción estética al servicio del concepto, del contenido, como continente de una poética existencial en la que encierra con angustiosa ternura a sus “Geishas”.

La obra dialoga con el espectador, se magnifica. El bosque de esculturas “se presentan” ante el espectador con una mirada hipnótica e intimidante. Las figuras se distorsionan o retuercen mostrando desinhibidamente su condición de mujeres con  alma, torturadas o no, pero llenas de feminidad, encerrada su vida  interior en el envoltorio matérico de caramelo de sus trajes y atuendos, vestidas para gustar, para acceder a ese gusto interesado e ignorante, egoísta, de la visión androcéntrica del mundo femenino. Sin embargo, sus movimientos, la máscara que constituye su maquillaje, hace despertar al espectador de su letargo y hacerle caer en la injusticia, la incomprensión y la miseria humanas, en las que las esculturas sin dejar de ser femeninas exhiben su tortura y ansiedad, su ternura, lo caústico y lo sentimental.

La artista crea un mundo propio de sorprendente imaginación, encontrando en la máscara (maquillaje) los medios expresivos para provocar un arte con implicaciones psicológicas.

Abandona situaciones pictóricas caducas (el respeto al soporte) sintetizándolo con las nuevas tendencias, mediante bruscas contraposiciones de color en que dominan los rojos intensos, rosas descarnados, y la violencia del blanco y negro, en una paleta extensa de amarillos y terrosos en todos sus matices del siena tostado al marrón oscuro; desde pigmentos metalizados al gris, pasando por el azul, del cobalto al turquesa desvaído.

Se  le podrían buscar ciertas influencias a la obra de la artista: ligeras reminiscencias del Expresionismo alemán de “Die Brücke” y de Der Blaue Reiter” al superar la realidad idealizándola desde la sensualidad femenina y la introspección.

Otra influencia posible sería la de Marcel Janco, (Dadaísta,  Zurich) ya que este artista ejecutó una serie de máscaras con alambres, cartones, crines de caballo y manchas sanguinolentas, realizando su denominada “escultopintura”, o encuentro cierta similitud, en cuanto a materiales y texturas, a los “Collages” de Kart Schwitters, integrando materiales como: trapos, maderas…Y mencionar por último de la “Escuela de Madrid” al grupo “El Paso”, que defendió una linea matérica, caracterizada por los materiales utilizados para componer la obra: cortezas, arpilleras, trapos, telas metálicas, materiales de deshecho…

Cabe destacar la textura de los materiales en estas “construcciones” mas  que esculturas. “ Las Geishas” de Emilia Enríquez, son esculturas  “construídas” en técnica mixta, escuálidas, torturadas, envueltas en trapos y cuerdas, saco, papel, “do folello” hoja interior que protege la mazorca de maíz) materiales reciclados: cáñamo, cuerdas, lino, distintas telas, alfombras, resinas…-Influencia del Arte Póvera.-vestigios de un mundo pretérito (la extinción de la geisha) que se presenta  recontextualizada en la mirada de la mujer representada. Una figura reconstruída que es en sí misma un “Eco del pasado”,una reminiscencia de lo que fue, de un pasado remoto, tanto como lo aparatoso de su atuendo, empaquetadas como momias pre-incas, en sus rostros deconstruídos en gruesos empastes y colores mortecinos, que nos remite a cierta interpretación fúnebre, una armonía sobrecogedora, como un fantasma fósil con la belleza de las cicatrices en la piel, como territorio y espacio.

Tareixa Grande Taboada. La Región. 31 de octubre de 2009

'Ecos do Pasado' en 'La Región' de Orenseroot
00

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *