Emilia Enríquez: Ojo de mar

Todo es expresividad en la obra de Emilia Enríquez (Orense, 1972). Una frase tan simple como la que acaba de leerse no es fácilmente aplicable a muchos pintores. Sin embargo, en las creaciones de esta gallega, todo desborda los límites de lo razonable, se magnifica en la superficie de las telas como si de una visión macroscópica y un universo de referencias se tratara. No es en modo alguno el Cantábrico, sino sólo las aguas que bañan las costas de Galicia las que merecen la atención de la pintora. En ellas encuentra mil y una referencias extravagantes, sorprendentes y fusionadas que dan pie a creaciones desorbitadas, en las que ronda la vertiente de un expresionismo extraño, sugerente y muy personal. Alusiones musicales, melódicas, tienen cabida en sus creaciones. Un jazz submarino con cadencias en plata, unos naufragios mentales en los que dentro de unas botellas se contienen palabras como “dinero”, “amor” o “amistad” vagan a la deriva de un brochazo alquitranado. A su lado, unas medusas de hilos y botones bailan al son de una melodía imperceptible… todo es imaginación desbordando los límites de la realidad en la que se inspira. Emilia Enríquez se nutre de su formación dentro del mundo del diseño de moda y de la joyería para componer collages táctiles, llenos de vida. Notas de color rojo hechas de hilos y telas, dorados y platas de cintas de embalaje y un sin fin más de materiales variados se dan cabida en sus creaciones. En ellas el fondo se compone como abstracción sugerente de cromatismos contrastados que en ocasiones desafinan intencionadamente para llamar la atención sobre uno u otro aspecto de la composición. Junto a estas obras se observan también una serie de vistas de Santiago de Compostela en las que la gallega ha sabido plasmar la esencia poética de esta tierra. Así, el ‘Espíritu de Santiago’ es en ocasiones un velo de lluvia sobre la masa imponente y tan sólo intuida de la fachada barroca del Obradoiro, mientras que en su ‘Santiago Aéreo’ ofrece a golpe de pincel una mirada a vista de pájaro sobre la Catedral y el palacio de Gelmírez. En suma, una pintora apegada a su tierra, que hace de su pintura el cordón umbilical con el que mantenerse unida a ella desde su residencia actual en el lejano Madrid.

‘El Punto de las Artes’. 14 a 20 de noviembre de 2008

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